Antonio Planelles: “La música me ha llevado lejos, y en ese viaje he aprendido que el hogar está donde viven las personas que dan sentido a la vida”

LA VEU DE NULES

Feb 13, 2026 | Entrevistas

Antonio Planelles Gallego es uno de esos talentos que han sabido llevar el nombre de su pueblo mucho más allá de sus fronteras. Director, músico, pedagogo y creador incansable, ha construido una trayectoria internacional que lo ha llevado a ciudades como Roma, Milán, Bolonia, Zúrich, Salzburgo o Berlín, donde actualmente desarrolla proyectos educativos y sociales en la prestigiosa Komische Oper Berlin. A pesar de su recorrido por algunos de los centros culturales más importantes de Europa, Antonio mantiene un vínculo profundo con sus raíces y con la tierra que lo vio crecer. En esta entrevista, repasamos su infancia en Nules, su formación, sus referentes y la visión humana y artística que guía su trabajo.

1. Toni, creciste en Nules antes de iniciar una carrera internacional. ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia en el municipio?

Sería imposible enumerar todos los recuerdos en pocas palabras, si bien hay algunos que tienen un lugar especial en mi memoria. Los más valiosos son recuerdos con mi familia e intento revisitar esos recuerdos a menudo para mantenerlos vívidos, especialmente los recuerdos con las personas que ya no están. Treinta años más tarde, puedo seguir oliendo la brisa del mar, las flores por las calles, el perfume de la gente… A pesar de unas circunstancias familiares complicadas, por una enfermedad que padeció durante muchos años mi padre, disfruté una infancia relativamente feliz. Creo que mi familia, especialmente mi madre, nos mantuvieron a mi hermano y a mí en una especie de burbuja de ignorancia para protegernos y nunca nos faltó de nada, especialmente afecto y cariño.

2. ¿Cómo influyó Nules en tu relación con la música y en tu decisión de dedicarte profesionalmente a este ámbito?¿Hubo alguna persona, profesor o experiencia que marcara especialmente tu camino artístico?

Una de las personas más importantes en mi infancia fue sin duda mi tío Vicente Pizá Huguet. Él, que había formado parte de la Rondalla Espadán y del grupo V Galaxia, continuaba cantando en el Grupo Azahar, un grupo que hacía noches de ronda, amenizaba bailes… Ese fue mi primer contacto con la música. Es decir, no fue un contacto con la música clásica, sino con la popular. Tal vez por tenerlo en la familia, lo veía como algo normal y no le supe dar el valor que eso tuvo en mi forma de sentir la música hasta hace poco.

Unos años después, cuando tenía como doce o trece años –relativamente tarde para empezar a estudiar música–, un amigo de la familia puso un laúd en mis manos, me dijo “te queda bien”, ve a tal sitio y apúntate a la escuela de música… y así lo hice. Allí encontré a docentes realmente especiales: Vicente y María Roselló, Anna Fierro, Vicente Martínez Miravet –maestro y amigo–; además esos dos cursos coincidieron con los cursos en que Miquel Ferrandis estuvo de maestro de música en Cervantes, mi colegio. Creo que con esa constelación era imposible no enamorarse de la música.

Si bien, hasta ese momento mi intención era simplemente tocar música, divertirme; no dedicarme profesionalmente a ello. Fue cuando entré a formar parte de la coral de la Iglesia, entonces dirigida por Miguel Ángel Martínez Montés, cuando eso cambió. Miguel Ángel se convirtió en un referente y por un tiempo iba allá donde él dirigía a cantar o a tocar. Esto influyó decisivamente en el hecho de que a partir de ese momento quisiera dedicarme profesionalmente a la música y, concretamente, a la dirección.

En la banda de música del pueblo apenas estuve un tiempo muy breve, pero sería injusto no mencionar a Manuel Ibáñez (L’espardenyer), que también era vecino mío y con el que pasé innumerables horas hablando de música; así como a David Gas, más que amigo, familia, quien me ayudó a preparar las pruebas de acceso al conservatorio de Castellón y siempre ha estado ahí para todo.

3. ¿Qué te llevó a formarte en ciudades tan diversas como Roma, Milán, Bologna o Zúrich?

Pues en realidad creo que ganas de aprender, atrevimiento, suerte e imprudencia. Sobre todo, creo que tuve mucha suerte de estar en sitios en los que pude crecer artísticamente. Echando la vista atrás, sabiendo lo que sé ahora, seguramente tomaría el mismo camino, pero honestamente no es que tuviera varias opciones para escoger, simplemente tomé los trenes que pasaron. Todos.

4. ¿Qué etapa formativa consideras más determinante en tu trayectoria?

En cuanto a aprendizajes, no podría darle más importancia a una u otra. Cada etapa me aportó cosas distintas. No obstante, estar en Zúrich me abrió las puertas del mercado laboral. Eso sí determinó mi trayectoria profesional. Estar en una ciudad en la que pasaban muchas cosas, fue sin duda imprescindible para poder tener oportunidades. Creo que en España existe mucho talento, pero por más bien formados que estén los músicos, no existen muchas posibilidades para desarrollar una carrera profesional en el ámbito musical.

5. Has vivido en grandes capitales culturales, pero también en lugares muy pequeños como Wutöschingen. ¿Cómo ha sido adaptarte a entornos tan distintos?

Adaptarme a Wutöschingen fue realmente sencillo, fue como encontrar un refugio. Me trasladé a Wutöschingen, un pueblo en el sur de la Selva Negra, durante la pandemia. Cuando se decretó el confinamiento se cancelaron prácticamente todos los contratos que tenía. Unos amigos me ofrecieron una casa enorme, amueblada, a gastos pagados, con un jardín de árboles frutales inmenso, al lado de un riachuelo… a cambio de dirigir la banda del pueblo. La familia Süß, mi familia alemana, como les llamo yo, no solo me abrieron las puertas de su casa, sino que me permitieron vivir en una especie de paraíso durante unos meses, el tiempo suficiente para poder acabar los estudios. Fue mucho más difícil adaptarme a las ciudades grandes, pero incluso en eso tuve suerte.

6. ¿Qué diferencias encuentras entre la forma de trabajar en instituciones culturales de Italia, Suiza, Austria y Alemania?

Italia está desgraciadamente en declive. Hace muchos años que no me paso por allí, pero lo que me llega a través de compañeros de profesión no es nada alentador. Es un país con un patrimonio cultural como ningún otro, pero un poco por desidia, un mucho por ignorancia están permitiendo que esto se pierda. Mi sensación siempre que estuve allí fue de una notable falta de organización que entorpecía enormemente el desarrollo de una tarea profesional, a pesar de que los músicos eran gente realmente apasionada por lo que hacían.

Suiza era más bien lo contrario. Puntualidad, organización, además de ser un país con una economía fuerte. Esto permite un entramado cultural realmente sólido. Existen las instituciones de relevancia internacional como la Opernhaus, la Tonhalle, el KKL de Lucerna, el Festival de Verbier, entre otros; pero también una serie de teatros más modestos con una programación regular que generan mucho empleo en el sector, así como una infinidad de bandas, coros u orquestas no profesionales pero que también requieren una dirección profesional que viene remunerada.

Austria viene a ser un poco como Suiza, si bien durante el tiempo que viví en Viena tuve la sensación de que el ecosistema musical, aun siendo extraordinariamente rico y exigente, funcionaba de manera bastante cerrada en términos de movilidad profesional. El acceso a ciertas instituciones parecía responder más a trayectorias ya consolidadas en otros contextos que al crecimiento interno dentro de la propia ciudad. En otras palabras, daba la impresión de que para avanzar era necesario salir, desarrollar una carrera en otros espacios y regresar posteriormente con un reconocimiento adquirido fuera, que al final es lo que hice.

Finalmente, Alemania también tiene una red de teatros e instituciones culturales muy extensa y sólida. Es un país que, probablemente, se excede un poco en la organización. Esto tiene como aspecto negativo la gran cantidad de energía que se dedica a la gestión burocrática. En cualquier caso, el resultado es un sector que funciona. Una sociedad que pone en valor la cultura, el arte; la necesidad de nutrir esa parte emocional de las personas.

7. ¿Qué aprendizajes personales te ha aportado vivir en tantos países diferentes?

También esta es una pregunta difícil de contestar. Uno va recogiendo saberes de aquí, de allá. Formas de ver o saborear la vida; pero uno de los aprendizajes importantes fue comprender que hogar no es donde uno vive, sino donde viven las personas que le dan sentido a la vida. Por otra parte, que uno no echa de menos un lugar, sino a unas personas. Del mismo modo, a menudo no queremos volver a un lugar, sino a un momento.

8. ¿Hay algún proyecto o experiencia internacional que recuerdes con especial cariño?

En este sentido he tenido también mucha suerte, me resulta complicado escoger una o unas pocas experiencias… me vienen muchos momentos a la cabeza. Creo que siempre fue especial llegar a un sitio por primera vez. La primera vez que trabajé en Salzburgo fue una sensación profunda e intensa, seguramente uno de los momentos de mayor realización en mi carrera profesional. Imagino que algo así como jugar la final de un mundial de fútbol o participar en una olimpiada para un deportista.

También cuando saqué la plaza en Berlín. Fue algo así como acabar un juego. Por otro lado, uno de los proyectos que recuerdo con más cariño fue en Castellón. Dirigir el coro Veus Atrevides fue una experiencia que me permitió un crecimiento personal importantísimo. He sido realmente afortunado. No he podido hacer todo lo que quería, pero sí he podido amar con mucha fuerza todo lo que he hecho.

9. Actualmente trabajas en la Komische Oper Berlin como Director de Proyectos Educativos y Sociales. ¿En qué consiste exactamente tu labor?

Es una labor bastante amplia. Los tres pilares fundamentales son los talleres de ópera para grupos escolares, la gestión de los conciertos sinfónicos infantiles y la coordinación de proyectos de carácter social. Además de estos tres pilares fundamentales, también forma parte de mis tareas crear programas de formación para maestros de escuela, educadores infantiles y alumnado universitario.

La Komische Oper de Berlín es el único teatro de ópera en Alemania, probablemente del mundo, que produce tres óperas para niños cada temporada, y que programa estas obras en la sala principal, con las mismas exigencias de personal que tendría cualquier otra producción. Esto se traduce en unas 35-40 funciones de ópera por temporada dirigidas a un público infantil. Una de mis tareas es preparar a esos más de treinta o cuarenta mil niños para comprender lo que van a ver y poder disfrutar de la ópera.

Además de estas producciones, que suponen gran parte del volumen de trabajo, también ofrecemos talleres introductorios para el resto de producciones. Evidentemente este trabajo no lo hago solo, tengo un equipo de unas veinte personas con los que llevo a cabo estos talleres.

Por otra parte, hacemos unos diez conciertos sinfónicos para público infantil. En este caso mi labor no es solo preparar los talleres preparatorios junto con el equipo, sino también definir los contenidos y la estructura de los conciertos.

Finalmente, en el departamento llevamos a cabo una serie de proyectos de tipo social dirigidos a grupos menos privilegiados: gente mayor –tenemos un proyecto específicamente para personas con demencia–, escuelas con alumnado en riesgo de exclusión social, así como alumnado con diversidad funcional.

10. ¿Qué retos presenta acercar la ópera y el teatro musical a públicos jóvenes o no familiarizados con este género?

El reto es ofrecer un nivel de calidad alto. Si lo que se pone encima del escenario tiene calidad, no importa que las personas estén más o menos familiarizadas con la ópera, seguramente va a producir una fascinación. Pensar que la ópera es solo para entendidos, es como pensar que el cine es solo para cinéfilos o la automoción solo para ingenieros.

No obstante, la ópera puede inducir emociones a muchos niveles. Reconocer un motivo musical, un detalle que pasa desapercibido, una referencia, el subtexto… todo aporta dimensiones que permiten poder disfrutar de una forma mucho más intensa.

También intentarlo uno mismo aporta un aprendizaje. Los talleres de iniciación a la ópera que llevamos a cabo en el teatro no son clases frontales en las que transmitimos unos contenidos, sino que son actividades en las que los participantes toman parte activa, experimentan e interpretan. Una persona, de cualquier edad, que pisa las tablas no vuelve a mirar el escenario de la misma manera.

11. ¿Qué proyectos educativos o sociales estás desarrollando ahora mismo en la institución?

Tenemos bastantes proyectos activos. Actualmente estamos trabajando en escuelas de primaria con alumnado en riesgo de exclusión social. Fundamentalmente se trata de educación emocional a través del teatro musical. El alumnado de una clase trabaja a lo largo de una semana sobre una historia dada, en esta edición son “Las increíbles aventuras de Nils Holgersson”, componen la música, escriben los textos e interpretan una breve versión de esta obra. Después reciben entradas para toda la escuela para venir a ver esa misma ópera en el teatro.

También tenemos proyectos con jóvenes adolescentes, iniciativas para dar a conocer los oficios del teatro, así como para facilitar el acceso al mercado laboral a jóvenes de institutos con una cuota de abandono escolar elevada.

Finalmente, por mencionar un proyecto para otro grupo de edad, tenemos el proyecto Resonare. Básicamente son grupos de canto para personas con demencia y sus familiares. Está académicamente comprobado que la práctica musical, especialmente el canto, es una forma de mejorar la calidad de vida de las personas con demencia, además de retrasar el avance de esta patología.

12. ¿Cómo es trabajar en una ciudad tan culturalmente vibrante como Berlín?

Es realmente agotador, da igual la hora o el lugar, realmente tienes la sensación que la ciudad vibra. Aunque cabe decir que merece la pena el esfuerzo. Berlín es un punto de encuentro por donde pasan las personas que están escribiendo la historia de la música ahora mismo. Si Zúrich me permitió el acceso al mercado laboral, Berlín me ha dado la oportunidad de abrir muchas puertas a nivel internacional. Es un lugar ideal para establecer conexiones en el ámbito de la cultura, especialmente de la música clásica; por lo que es un ambiente laboral agotador, también muy competitivo, pero creo que es una ciudad con muchas posibilidades.

13. A pesar de tu trayectoria internacional, ¿sigues manteniendo relación con Nules?

Claro. Mi familia vive en Nules, por lo que al menos dos veces al año vuelvo por allí. Normalmente un par de días en Navidad y otros pocos en verano.

14. ¿Te gustaría algún día desarrollar algún proyecto musical o pedagógico en tu municipio natal?

Absolutamente sí.

15. ¿Qué consejo darías a los jóvenes de Nules que sueñan con dedicarse a la música o con vivir experiencias fuera de España?

Que sean un poco imprudentes; que no tengan miedo a cometer errores ni a pedir ayuda cuando lo necesiten y que disfruten del camino.

16. ¿Dónde te imaginas dentro de unos años: en Berlín, de vuelta en España o en un nuevo destino?

No me importaría volver a España en algún momento pero, aunque no puedo dar más detalles, por el momento todo apunta hacia un nuevo destino en el que todavía no he vivido.

El viaje de un músico que nunca ha dejado de volver a casa

Hablar con Antonio Planelles es descubrir a un profesional que ha sabido convertir cada paso, cada ciudad y cada oportunidad en una parte esencial de su crecimiento artístico y personal. Su trayectoria internacional impresiona, pero lo que realmente destaca es la claridad con la que mantiene presentes sus raíces y el cariño hacia la tierra que lo vio nacer.

Agradecemos profundamente el tiempo que nos ha dedicado y la generosidad con la que ha compartido su historia. Desde La Veu de Nules le deseamos toda la suerte del mundo en su carrera, que siga abriéndole puertas y permitiéndole crecer como músico y como persona. Y ojalá, algún día, pueda volver a casa para trabajar en lo que más le apasiona. Estamos convencidos de que ese momento llegará.

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