En un sector históricamente masculinizado, donde la exigencia, los horarios imposibles y la presión constante han dificultado durante décadas la presencia de mujeres en puestos de liderazgo, la trayectoria de Sara Valls brilla con una fuerza especial. Nacida en Nules y formada entre fogones que mezclan tradición, memoria y técnica, ha construido una carrera sólida, valiente y profundamente honesta. Hoy, desde Barcelona, sigue creciendo profesionalmente sin perder de vista sus raíces, esas que —como ella misma dice— “lo son todo”.
En estos días previos al Día Internacional de la Mujer, su voz representa a tantas mujeres que han luchado por hacerse un hueco en la gastronomía, que han tenido que demostrar más, sostener más y resistir más. Su historia es un homenaje a la constancia, al talento y a la sensibilidad culinaria que nace de la verdad.
1. Naciste en Nules y siempre has dicho que tus raíces forman parte de tu identidad. ¿Qué papel jugó tu infancia en el pueblo en tu relación con la cocina?
Me crié en Nules y tuve una infancia muy bonita, rodeada de una familia que me dio algo que hoy echo mucho de menos en el mundo: libertad. Recuerdo los veranos en la playa con una mezcla de nostalgia y felicidad que todavía me emociona. El colegio, el instituto, la escuela de hostelería, las amistades, las primeras veces, las fiestas del pueblo… Todo eso forma parte de quién soy. Siempre tuve la necesidad de salir, de explorar, de ver mundo. Sentía que tenía que irme para crecer. Y lo hice. Pero con el tiempo entendí que, aunque me marche, Nules sigue siendo mi lugar de paz. Es donde regreso para abrazar a los míos, bajar el ritmo y re conectar con mis raíces. Crecí viendo cocinar a mi abuela, a mi madre y a mi tía. En aquella casa siempre había una cazuela al fuego. La cocina no era solo comida: era reunión, conversación y cuidado. Sin darme cuenta, ahí empezó todo.

2. ¿Visitas Nules con frecuencia? ¿Qué es lo que más echas de menos cuando estás lejos?
Intento volver siempre que puedo, aunque por trabajo menos de lo que me gustaría. Echo de menos la familia, las amigas de toda la vida, la calma, la cercanía, la mar de Nules, el olor a azahar cuando es temporada. En Barcelona todo va muy rápido y vives en alerta; en Nules el tiempo tiene otro ritmo, y eso me da la paz que necesito para desconectar.
3. Cuando vuelves a casa, ¿hay algún plato que siempre te preparan y que te conecta con tu familia y tus recuerdos?
Por desgracia mi madre nos dejó en 2023 y era la que siempre me cocinaba. Desde entonces, todos los platos que cocinaba tienen un significado todavía más profundo para mí. Por eso quiero hacerle un homenaje en GUISAT, el proyecto en el que estoy trabajando. Es mi forma de agradecerle todo el cariño altruista que nos dio. Recuerdo la paella de los domingos, las lentejas, el flan de café, la coca de tomate, la isla flotante, la olleta de la Plana, els ximos, el puchero, los guisos, les mones… Pero no es el plato en sí. Es quién lo cocina y lo que significa. Por suerte personas como mi tía Angelita y mi hermana Maite también sostienen esas vivencias a través de lo que preparan. Para mí, la cocina es una forma de conectar. Cocinar esos sabores me ayuda a tener a mi madre más presente.
4. ¿Te imaginas algún día trabajando en Nules o cerca del pueblo que te vio nacer, quizá con un proyecto futuro?
Nunca he sido de cerrar puertas. Siempre he soñado con jubilarme en un lugar tranquilo… ¿y por qué no en Nules o cerca? Me emociona pensar que algún día podré devolver a la gente de aquí parte del cariño que me ha dado. Pero abrir un restaurante es algo muy complejo; tienen que alinearse muchos factores, no solo profesionales, sino también personales y vitales. Por ahora estoy completamente centrada en mi proyecto más personal, ese que verá la luz este 2026 y que representa todo lo que soy. Pero mis raíces siguen marcando cada decisión, cada plato y cada paso que doy. Porque, al final, todo empieza en casa.
5. Empezaste tu camino en la Escuela de Hostelería del Grau. ¿Qué sentiste en aquel primer contacto que te hizo pensar que este era tu camino?
Recuerdo el primer día como una mezcla de nervios y certeza. No fue un flechazo romántico, fue una intuición: “esto tiene sentido para mí”. Sentí que estaba entrando en un lugar donde podía canalizar algo que ya llevaba dentro, pero que a la vez desconocía.
6. ¿En qué momento tuviste claro que la cocina no era solo una profesión, sino una forma de vida?
Cuando entendí que no podía desconectar. Incluso en mis días libres pensaba en producto, en combinaciones, en cómo mejorar un fondo. Ahí supe que no era solo un trabajo; era mi manera de estar en el mundo.
7. ¿Qué aportaron a tu evolución técnica y creativa formaciones como Hofmann, Espai Sucre o tus cursos en Barcelona?
Estas formaciones me dieron técnica, orden y una mirada más amplia. Entendí la importancia del rigor, la precisión y el equilibrio. Pero también aprendí que la técnica es una herramienta, no el fin. Son dos lugares que marcaron mi disciplina y mi forma de entender la profesión.

8. Tu primer gran salto fue en el restaurante Aqua del Hotel Luz, en Castellón. ¿Qué aprendiste allí que todavía aplicas hoy?
Fue un aprendizaje enorme en disciplina y responsabilidad. Entendí que una cocina es equipo, coordinación y constancia. Muchas cosas que aplico hoy nacieron allí. Le debo muchísimo a esa etapa y siempre estaré agradecida a Pedro Salas y a todo el equipo por haber confiado en mí.
9. Después llegó tu etapa en el Gran Casino de Castellón, donde asumiste más responsabilidad. ¿Cómo viviste ese crecimiento tan rápido?
Mi ascenso como sous chef fue crecer muy rápido, mucha presión de golpe. Asumí responsabilidades con mucha exigencia. Por ejemplo, recuerdo especialmente el día de la apertura, con 1.500 asistentes, entre políticos, empresarios y personas conocidas. Fue un día de muchísimo estrés y responsabilidad. Pero momentos como ese me hicieron fuerte y consciente de lo que implica liderar.
10. Formentera marcó una parte importante de tu carrera. ¿Qué te aportó profesional y personalmente trabajar tantos años en la isla?
Formentera me transformó y me ayudó mucho a despegar. Profesionalmente me dio madurez y autonomía. Personalmente me enseñó a escuchar más la naturaleza, el producto y el entorno. A fluir, a valorar más lo inmaterial. Trabajar en una isla te conecta de verdad con la estacionalidad y con el respeto por lo que te rodea. Allí gestioné el mítico Blue Bar durante años y los hoteles Blanco y Five Flowers, donde tenía a más de 20 profesionales a mi cargo. Fue una etapa de mucho estrés y responsabilidad, pero profundamente gratificante. De la cual me siento muy orgullosa.
11. También has trabajado en Barcelona, en proyectos muy distintos y en restaurantes de alto nivel. ¿Qué te llevas de esa etapa en una ciudad tan competitiva?
Desde pequeña soñaba con vivir en Barcelona. La imaginaba como una ciudad grande, libre y llena de posibilidades. Cuando por fin llegué, entendí que es intensidad: competitiva, exigente y profundamente inspiradora. Es una ciudad que no te permite acomodarte; te empuja a crecer, a cuestionarte y a ir siempre un paso más allá. Aquí aprendí que la excelencia no es algo que sucede por casualidad, sino una decisión diaria, una actitud y una forma de estar en el mundo.
12. Incluso pasaste por una cocina con estrella Michelin como Koy Shunka. ¿Qué te aportó esa experiencia en la cocina japonesa?
Trabajar en una cocina con estrella Michelin de ese nivel, y en una ciudad donde todavía hay más exigencia si cabe, fue una lección de respeto absoluto por el producto. La cocina japonesa me enseñó precisión, silencio y concentración. Mucho de mi sensibilidad actual viene de esa etapa.
13. Has liderado aperturas complejas, como el primer hotel cinco estrellas de Formentera. ¿Qué retos implica crear una propuesta gastronómica desde cero?
Crear desde cero es un reto enorme. No solo diseñas platos, diseñas identidad. Implica visión, coherencia y muchísima energía. Pero también es lo más creativo y emocionante que existe.

14. ¿Cómo definirías hoy tu estilo culinario después de dos décadas de evolución?
Mi cocina es mediterránea, honesta y emocional. Me interesa el producto, el fondo bien trabajado, el sabor claro. No busco impresionar; busco transparencia, sencillez y que quien coma sienta algo.
15. ¿Qué papel juegan la sostenibilidad, el producto de proximidad y la coherencia en tu manera de entender la cocina?
Para mí no es una moda, es sentido común. Cocinar con coherencia, respetar el producto y el entorno forma parte de mi manera de entender la profesión.
16. ¿Qué has aprendido sobre liderazgo, gestión y trabajo en equipo que consideres esencial para dirigir una cocina?
Con los años he aprendido que liderar no es imponer, es acompañar. Una cocina funciona cuando hay respeto, escucha y ejemplo. La exigencia es necesaria, pero la humanidad también.
17. Ahora estás centrada en tu proyecto más personal, GUISAT, previsto para abrir en 2026. ¿Qué puedes adelantarnos de su concepto?
GUISAT es mi proyecto más personal. Es volver al origen, al fuego lento y a la memoria. Será un espacio íntimo, conectado con el producto y con la emoción. No quiero hacer ruido, quiero hacer verdad. Es, en cierto modo, cerrar un círculo al lado de Judith, mi compañera de camino.
18. ¿Qué parte de tu trayectoria y de tu evolución como chef quieres reflejar en este nuevo restaurante?
Quiero que se vea mi evolución, pero también mi esencia. Todo lo aprendido estos años, filtrado por quien soy ahora, desde la madurez y la reflexión.
19. La cocina profesional sigue siendo un entorno muy exigente y, en muchos casos, masculinizado. ¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer en este sector?
Ha sido un camino exigente, a veces duro, pero también me ha hecho fuerte. No quiero que me definan solo por ser mujer, pero tampoco ignorar que el camino no siempre es igual para todos. Cada persona es un mundo y hoy ya parece que está más normalizado pero machistas sigue habiendo y durante mi trayectoria algún conflicto que otro he tenido…

20. Los grandes chefs reconocidos a nivel nacional e internacional siguen siendo, en su mayoría, hombres. ¿Por qué crees que ocurre esto y qué crees que falta para que haya más mujeres en posiciones de liderazgo gastronómico?
Creo que en gran parte se debe a la falta de conciliación familiar. Una asignatura pendiente el la hostelería, los horarios partidos y las largas jornadas que dificultan tener una vida normal. Por suerte parece que se están tomando cartas en el asunto y la cosa está cambiando para mejor, pero las pymes y los autónomos necesitan mucho más apoyo de la administración.
21. ¿Has sentido alguna vez que, por el hecho de ser mujer, has tenido que demostrar más o hacer más méritos para obtener el mismo reconocimiento que un hombre?
Sinceramente, en algunos momentos sí. No siempre es algo explícito ni evidente, pero existe una sensación sutil de que tienes que demostrar un poco más, sostener un poco más y equivocarte un poco menos. Más que una cuestión individual, creo que responde a algo estructural, a una herencia de una sociedad todavía marcada por dinámicas heteropatriarcales.
22. ¿Te has sentido en algún momento menos valorada profesional o económicamente en la cocina por ser mujer?
En algún momento de mi trayectoria sí he tenido la sensación de que la valoración no siempre era proporcional al trabajo realizado. No puedo afirmar que fuera únicamente por ser mujer, pero es evidente que todavía existen inercias en el sector. Con el tiempo he aprendido a darle el valor que merece a mi trabajo y a no aceptar condiciones que no estén a la altura de mi implicación y responsabilidad.
23. ¿Qué mensaje te gustaría enviar a las jóvenes que sueñan con dedicarse profesionalmente a la gastronomía?
Si sienten la vocación de verdad, que vayan adelante sin miedo. Es un camino duro, pero profundamente hermoso. Que se formen en técnica y gestión, que trabajen mucho y que nunca olviden por qué empezaron. Y, en lo empresarial, que no se dejen manejar: que crean en su idea y vayan a por ella con determinación.
Una Nulera que honra sus raíces y abre camino
Desde La Veu de Nules queremos expresar nuestro agradecimiento más sincero a Sara Valls por regalarnos esta conversación en unos días en los que nuestro pueblo se llena de actividades, reflexiones y reivindicaciones en torno al papel de la mujer. Su voz llega en el momento perfecto: cuando celebramos los avances, pero también cuando recordamos que aún queda camino por recorrer.
La trayectoria de Sara es un ejemplo luminoso de lo que significa crecer sin olvidar de dónde vienes. En cada etapa de su vida —desde las cazuelas al fuego de su abuela, pasando por los veranos infinitos en la playa de Nules, hasta las cocinas más exigentes de Barcelona o Formentera— ha llevado consigo un pedazo de su casa. Ese pedazo tiene nombres propios: su madre, su abuela, su tía, su hermana, mujeres que cocinaron antes que ella, que cuidaron antes que ella, que sostuvieron antes que ella. Mujeres que, sin saberlo, sembraron en Sara la semilla de una sensibilidad culinaria que hoy la distingue.
Su historia es también la historia de muchas mujeres de Nules: trabajadoras, constantes, discretas, fuertes. Mujeres que han hecho grande este pueblo desde la cocina, desde la familia, desde el esfuerzo silencioso. Sara recoge ese legado y lo transforma en una cocina honesta, emocional y profundamente humana.
Por eso, cuando en 2026 abra GUISAT, su proyecto más íntimo, no será solo un restaurante: será un homenaje. A su madre. A su familia. A su pueblo. A todas las mujeres que la precedieron y a todas las que vendrán.
Le deseamos toda la suerte del mundo, aunque sabemos que la suerte es solo un detalle. Con su talento, su disciplina, su sensibilidad y esa forma tan suya de entender la cocina, el éxito lo tiene asegurado. Y cuando ese éxito siga creciendo, Nules —su casa, su origen, su refugio— seguirá estando ahí, orgulloso de una hija que ha sabido llevar su nombre con humildad, verdad y una enorme sensibilidad.
Porque, como ella misma dice, al final, todo empieza en casa.



