Nules vivió ayer por la tarde una de las celebraciones más solemnes y significativas de su calendario religioso: el Diumenge del Nostre Senyor, una manifestación de fe profundamente enraizada en la identidad local y que completa el ciclo de los tres días singulares dedicados al Santísimo —el Domingo de Corpus, el Jueves de Barraquetes y el Domingo del Señor—, considerados auténticos pilares espirituales del municipio.

La procesión partió desde la Iglesia Arciprestal de San Bartolomé y San Jaime, avanzó por la Plaza Mayor y recorrió diversas calles del casco histórico en un ambiente de recogimiento y respeto. El paso del Santísimo, acompañado por la Cofradía de Nuestro Señor y por numerosos vecinos, llenó el centro de la localidad de una atmósfera que invitaba al silencio y a la contemplación.

La mesa engalanada de las Camareras, un gesto que mantiene viva la tradición
Uno de los momentos más esperados se vivió a las puertas de la capilla, donde las Camareras de la Virgen de la Soledad habían preparado, como dicta la tradición, una mesa engalanada con flores. El tapiz floral, elaborado con precisión y cariño, volvió a convertirse en un símbolo de continuidad: mayores que recuerdan cómo se hacía antaño y jóvenes que aprenden a mantener viva una costumbre que forma parte del patrimonio emocional de Nules.
La escena, enmarcada por el altar, los ángeles ornamentales y la presencia de la Cofradía, ofreció una imagen de gran belleza que reafirma el valor cultural y espiritual de esta celebración.

Una celebración que une pasado, presente y comunidad
El paso del Señor por las calles del casco histórico dejó imágenes que ya forman parte de la memoria colectiva: velas encendidas, silencio respetuoso, devoción compartida y un pueblo que, un año más, se volcó en una tradición que trasciende lo religioso para convertirse en un acto de identidad común.
La procesión volvió a demostrar que esta tradición no se conserva por inercia, sino gracias al compromiso de quienes la sienten como propia. Cada gesto —la mesa engalanada, el silencio respetuoso, las calles del casco histórico acompañando el paso del Santísimo— habla de un pueblo que sabe quién es y de dónde viene. La presencia de nuevas generaciones junto a quienes llevan décadas sosteniendo estas celebraciones confirma que la transmisión no es un acto simbólico, sino una realidad que se renueva año tras año.
Ayer, Nules no solo celebró una procesión: reafirmó su identidad. Y lo hizo con la serenidad de quien honra su pasado y la determinación de quien sabe que, mientras exista comunidad, existirá tradición. Porque en este municipio, la fe no se limita a un calendario: se vive, se cuida y se hereda.




