La tarde de este sábado se convirtió en una fecha señalada para la Quinta del 2000 de Nules. A las 19:30 horas, los quintos se concentraron en la Plaza Mayor, bajo la imagen de Sant Vicent situada en la fachada de la Iglesia Arciprestal, para vivir uno de los actos más simbólicos de la tradición local: la bendición de las medallas que acompañarán a cada miembro durante todo un año cargado de emoción y responsabilidad.

El sacerdote bendijo las medallas que los quintos y sus consortes se pusieron con solemnidad, en un ambiente de respeto, identidad y sentimiento compartido. La plaza, llena de familiares, vecinos y música tradicional, fue el escenario perfecto para un inicio que marca el relevo festivo entre generaciones.
Tras la bendición, la quinta se dirigió a la casa de Raúl Garcia, clavario de la Quinta del 99, donde se encontraba la imagen de Sant Vicent. Allí, la quinta saliente entonó cantos dedicados a Sant Vicent, en un ambiente de hermandad que define esta fiesta tan arraigada en Nules.

Ambas quintas emprendieron después una emotiva procesión hacia la calle Sant Vicent, encabezadas por la dolçaina y el tabal, que abrían paso entre aplausos y un ambiente cargado de sentimiento. Frente a la imagen del santo llegó el instante más esperado: los clavarios de la Quinta del 99 impusieron a los clavarios de la Quinta del 2000 las medallas que, desde los años cincuenta según indica su grabado, pasan de generación en generación. Junto a ellas entregaron también la imagen de Sant Vicent, que desde ese momento quedó bajo la custodia de la nueva quinta.

La imagen fue portada por primera vez por los quintos del 2000 hasta la casa del primer clavario del año, Ángel Ripollés, donde quedó instalada en el dosel entre cantos, vítores y emoción. Con este gesto, Ángel se convierte en el primer anfitrión de un año que marcará a toda su quinta.

La jornada culminó con una cena de gala en el salón multifuncional, donde ambas quintas celebraron unidas el inicio de este nuevo ciclo festivo, acompañadas por el grupo Lamaar y dos DJs locales que alargaron la noche entre música, convivencia y alegría. La velada estuvo presidida por la directiva de la Quinta del 2000: Rebeca Torres como presidenta, Vanesa Doñate como secretaria y MªSol Molés como tesorera, quienes encabezaron un acto cuidado al detalle.
Durante la cena se realizó además una gran rifa de regalos donados por comercios y empresas colaboradoras, un gesto que volvió a demostrar el apoyo del tejido local a las tradiciones del municipio y la estrecha relación entre la fiesta y la comunidad.

El calendario ya marca las próximas fechas: el 7 de noviembre, Ángel Ripollés entregará la imagen a Antonio Lucas, y la semana que viene la Quinta del 2000 participará en la procesión del Corpus portando el guion, como dicta la tradición.
Una fiesta que Nules siente, construye y mantiene viva generación tras generación
La llegada de la imagen a la casa de Ángel Ripollés no fue solo un acto protocolario: fue la confirmación de que la fiesta de Sant Vicent sigue latiendo con la misma fuerza que siempre en Nules. La devoción por el santo, el respeto por los rituales y el trabajo silencioso de tantas personas durante años convierten esta tradición en un patrimonio emocional que une al pueblo.
Esta es una fiesta hecha por el pueblo y para el pueblo, donde cada relevo entre quintas, cada canto, cada dosel y cada procesión hablan de identidad, de memoria y de un orgullo compartido que no se improvisa: se construye con dedicación, sentimiento y constancia.
La Quinta del 2000 inicia ahora unos meses intensos, emocionantes y llenos de responsabilidad, con la certeza de que forman parte de algo que trasciende generaciones. Sant Vicent ya está en casa. Y con él, comienza un año que promete ser inolvidable para toda la quinta y para un pueblo que mantiene viva una de sus tradiciones más queridas.




